miércoles, 27 de octubre de 2010

Entrevista a José Antonio Reyes Matamoros DOs

Cultura para todos

Entrevista a José Antonio Reyes Matamoros DOS: El poeta ante su sombra.

Por: Alejandro Aldana Sellschopp.

Alejandro Aldana Sellschopp—Cuando hablamos de los rusos, hablamos de los escritores rusos, a ver si estamos bien, antes de la Unión Soviética, estamos hablando de los grandes maestros de la narrativa, quizá es la época gloriosa, bueno yo le quitaría el quizá, es la época gloriosa de la literatura rusa, y quizá ya en la Unión Soviética decae mucho, muchas cosas de la cuestión de la creación, sobretodo de la narrativa en Rusia. No sé, Revueltas está yo creo que más cercano a estos grandes maestros de la literatura rusa, que incluso a los propios escritores ya de la Unión Soviética.

José Antonio Reyes Matamoros—Sí claro, Revueltas tenía una formación muy exigente. Me refiero por supuesto a esos escritores, a esos artistas, que marcaron, que abrieron las puertas de Rusia, de la Rusia Zarista, de la Rusia pro-Zarista, de la Rusia revolucionaria incluso, porque Mayakovsky es un gran poeta antes y después de la Revolución, por ejemplo. Y hay otros narradores que vienen de esa escuela, independientemente de su paso por la Revolución. Eso es algo mucho muy importante, el boom, el abrir las puertas de lo que significó el movimiento pre-revolucionario y el movimiento posrevolucionario que ha causado, que causó muchísimos problemas, pero en esa bisagra temporal yo creo que hay otros excelentes, pero excelentísimos narradores, poetas, que por ejemplo, nos indican también su herencia estética. Gorky no es un narrador menor respecto de Tolstoi, por ejemplo. Y él a mi juicio tiene una consideración muy importante, él atraviesa las dos etapas, entonces yo creo que hay una…

—Una como héroe y una como perseguido político, fue perseguido por..

—Sí, fueron muchas estupideces.

—Expulsado..

—Lo expulsaron

—Siendo un escritor tan importante.

—Tan esencial.

—Tan cercano a Revueltas. Incluso su vida…

—Ideológicamente, estéticamente, así es. Sin embargo la diferencia es que a él le toca el triunfo de una revolución, mientras que a Revueltas le toca el fracaso de una revolución y el fracaso de un partido, son cosas que hay que valorar históricamente e incluso estéticamente. Yo creo que tanto Mayakovsky, que es el primer presidente de la Sociedad de Escritores Revolucionarios, como Gorky, como otros escritores que no tuvieron la palestra pero que siguen siendo muy importantes del movimiento posrevolucionario, son de una estela muy importante que quedó, como queda todo el arte, como herencia para todos los artistas.

—Esto, bueno, Revueltas es, podemos hablar mucho de él pero me lleva un poco a lo que son cuestiones ya de carácter estético. No sé si esté de acuerdo, es decir, todos los escritores antes de la Revolución, se convierten en escritores fundamentales para la Revolución. Lenin decía que a través de su lectura de Tolstoi y de Dostoievsky, casi casi tiene una formación política. Y si leemos a Tolstoi o Dostoievsky difícilmente en alguna página diría “hagamos la revolución” o “pongamos bombas”. Cuentan historias. ¿Sería mas o menos su idea de estética? El propio Revueltas en toda su producción literaria…

—No, no es esa mi idea de estética. ¿La mía?

—Sí

—No, no es esa mi idea de estética. La estética ya es un proceso más racional, más profundo y que requiere de una preparación mucho más cuidadosa. Llegar a un planteamiento estético no significa, no solamente un llamado explícito o implícito en algún poema o una ópera, o una novela o un libro de cuentos. Porque hay quien puede decir también “pongamos una bomba” y está haciendo un planteamiento estético. No. El planteamiento estético, se llega a él en primer lugar, después de una reflexión muy profunda del objeto de estudio específico. No podemos llegar a un planteamiento estético por innovación o por ocurrencia. El planteamiento estético de Tolstoi de Dostoievsky, del propio Revueltas, de Gorky, es un proceso de reflexión de la cultura de sus países. De Tolstoi por ejemplo, que está profundamente imbuido de la cultura francesa, él emprende sus quehaceres estéticos, por ejemplo, a raíz de la invasión napoleónica a Rusia. Tolstoi hablaba francés, era un excelente lector de francés, él estaba muy al tanto, era un tipo de una enorme capacidad intelectual y espiritual, y eso le permite a él la reflexión de lo que no se estaba escribiendo en Rusia. Él no llega a un planteamiento de carácter estético sobre la base de un panfleto. Él en el momento de ese realismo ruso, con Ana Karenina o con La guerra y la paz, o con sus apuntes, él simple y sencillamente expone una serie de situaciones que exaspera a cualquier ser humano que las lea. La situación de los soldados en el frente de batalla, la situación del hombre frente a todo el conjunto de la humanidad, la situación de una serie de relaciones semi feudales y patriarcales, y ahí ya está retratando una realidad cualquiera que sea. El planteamiento estético para mí no es eso. El planteamiento estético es esa reflexión de la historia del arte de cada país o de cada corriente o de cada sector de la humanidad, sea cual sea el objeto que tiene el artista frente a sí y lo que quiera. El caso más evidente pues lo es, y lo sigo poniendo de ejemplo, lo pondré como ejemplo, es el de Kafka. Kafka llega a una reflexión estética después de una serie de puntos por analizar, por discutir, para ligar y para desarrollar esa cosa tan complejamente hermosa que es la lógica del absurdo. Él, por ejemplo, revoluciona la literatura a través de los tratamientos que él emprende del hombre frente a su existencia absurda. Ése es el planteamiento kafkiano. Qué lástima que no se hayan conocido Tolstoi y Kafka, ¿verdad? hubieran hecho una bomba, ahí sí. Entonces en síntesis para mí, llegar a una idea estética es una reflexión de muchísimo tiempo. Tolstoi, hay que recordar, empezó a escribir grande, hay que recordar que Tolstoi tiene una serie de lecturas muy rigurosas, pero sobretodo con la gran capacidad que tenía de aprehender los distintos momentos por los que estaba atravesando la humanidad en ese momento.

Continuará…

viernes, 22 de octubre de 2010

Entrevista a José Antonio Reyes Matamoros

Cultura para todos

Entrevista a José Antonio Reyes Matamoros UNO: El poeta ante su sombra.

Por: Alejandro Aldana Sellschopp.

La siguiente entrevista la realicé el 29 de enero de 2010, en el Café Museo, en San Cristóbal de Las Casas, con motivo de preparar mi libro de entrevistas a escritores chiapanecos, José Antonio se negaba a concederme la entrevista, pues consideraba que no era un escritor chiapaneco; sin embargo, finalmente logre convencerlo, y la charla, como todas las que uno tenía con él, se extendió hasta las quince cuartillas, por razones de espacio en el libro publicado sólo logramos dar a conocer seis cuartillas, la mitad de la conversación, ahora publicaré la platica completa en varias entregas.

Alejandro Aldana Sellschopp.—¿Cómo fue su acercamiento a la literatura y cuándo decide acercarse a la creación?

José Antonio Reyes Matamoros— Con esas pinches preguntas nunca vamos a terminar compañero. Yo creo que de hecho es parte de un proceso extraño, complicado, muy personal, yo creo que nos surge a todos. Yo me acerqué a la literatura de una manera, digamos que un poco natural, motivado por querer leer un libro, nada más. Es decir, siempre me han atraído los libros, siempre para mí fueron como que, un elemento extraño, un elemento agradable que yo quería saber qué encerraba, y curiosamente me acerqué a la literatura por la historia, posteriormente me acerqué a la literatura por las ciencias exactas, ya estoy hablando de cuando estudié matemáticas, donde el ligamen entre literatura y ciencias en ese momento, para esa generación de estudiantes era algo muy natural, y era algo que se consideraba incluso como indispensable. Sin embargo mis lecturas de literatura ahí ya un poco más racionales, no ordenadas, racionales por la necesidad de leer, empezaron curiosamente por cuestiones filosóficas. Es decir para llegar a la literatura no cursé varios recovecos, en términos de tener claridad de que yo quería acercarme a la literatura, fíjate que no, yo tengo muy claro ese objeto tan entrañable para mí, tan bonito para mí, tan necesario para mí, que eran los libros. Primero eran los libros, qué tienen los chingados libros, qué esconde, qué guardan, qué me quieren decir. Cuando estuve en los viejos años y en los viejos tiempos, en la secundaria, había un libro de texto que era riguroso para todos, que se llamaba el Galano arte de leer. Ese libro me atrajo mucho más porque en su portada había la fotografía de una biblioteca, para mi sorpresa, cuando tengo acceso a ese libro descubro algo mucho muy importante, descubro algunos textos de Neruda que acompañaban esa antología, de César Vallejo, si mal no me acuerdo también de Octavio Paz y de Huidobro, no lo tengo muy presente. Y ahí hubo algo para mí, mucho muy importante, sumamente importante, yo entonces era un niño que estaba aprendiendo a usar los libros, tendría 12 años, y dije “yo puedo hacer eso, y yo lo puedo hacer mejor”. Y me maravilló el lenguaje que usaban esos compañeros y tuve la gran fortuna de que un año después tuve una maestra de español y de literatura que me dio una serie de orientaciones para la lectura. Era un momento, para mí un poco difícil, o más bien muy difícil, muy complicado y ese tipo de lecturas las retomé hasta el bachillerato. Pero desde entonces ese acercamiento lo puedo señalar como accidentado, como incidental y accidental, sin embargo fue un momento muy bonito, muy interesante porque a partir de ahí empezaron mis lecturas tanto de historia como de literatura. Y ya en los procesos más adelante, pocos años después, empezaron lecturas más rigurosas, curiosa y contradictoriamente empezando por otro compañero, por los difíciles. Yo entré a la novela por Hegel, por ejemplo, y a mí se me hacía algo espeluznantemente bello, las lecturas de Hegel, ya cuando era adolescente y tuve ahí una fortuna y al mismo tiempo una desgracia porque, yo empecé leyendo los rusos, empecé leyendo a Tolstoi, empecé leyendo a Dostoievsky y después, o no sé si sea parte de la misma pregunta pero, después ya tuve muchos problemas con los autores mexicanos, porque, vamos, fue algo muy desigual. Recuerdo a Benedetti en ese sentido, y que en su experiencia como lector decía Benedetti, no tanto leía lo que caía en mis manos, sino leía las cosas raras que me decían que eran difíciles. Y fue un comienzo muy desigual, muy accidentado, pero fueron esos altos, esos momentos, que me permitieron conocer la literatura desde muchos puntos de vista. No sé si esto responda. ¿Cuándo decidí? No sé si es la otra parte de la pregunta.

—Entonces fue como lector y ahora como creador, en qué momento se da el salto de decir “puedo escribir esto y mejor”, pero cuándo se hace conciente de decir “ya estoy escribiendo”, ya sea un cuento, una novela.

—Bueno, eso fue mucho después. Yo te comenté el pensamiento de un niño-adolescente, en el caso de las cosas que yo sentía, las cosas que yo imaginaba que empezaba a escribirlas, a dejarlas en carpetas, a regalarlas. Hasta que decidí empezar a compilar todo ese tipo de cuestiones, poemas, sobretodo poemas. Cuándo fue, realmente no lo sé, pero no fue de jovencito, no fue de niño, ya era adolescente, tendría unos diecisiete, dieciocho años, que me interesaba mucho dejar por escrito, sobretodo, lo que sentía, en ese momento no partía de ninguna consideración estética, ni métrica, simple y sencillamente dejar algo plasmado sobretodo para mis novias y mis amigos. A mis amigos les gustaban mis porquerías y eso me agradaba, porque además les enseñaba matemáticas y les hacía sufrir con mis poemas.

—Bueno, en ese proceso hubo algún formador, alguien que haya sido el Virgilio.

—Mi guía. No, realmente no lo hubo.

—Fue un proceso en solitario.

—Fue un proceso en solitario. Fíjate fue un proceso en solitario, no tuve ningún preceptor, salvo el ideal, el preceptor ideal que fue mi identificación con los autores.

—De esa gama de autores quién podría, ya ahorita con la perspectiva, en ese momento podría señalar como el modelo.

—No creo que sea un modelo. Entiendo la pregunta pero creo que lo más interesante para mí fue el descubrimiento de lo mexicano a través de José Revueltas. Primero José Revueltas en su narrativa, en una manera de ver el mundo que a mí me impactó desde la primera lectura que hice de él. A mí me sorprendió José Revueltas porque curiosamente me acercaba a los rusos. En este juego de Virgilios ideales, por supuesto pues está Tolstoi; Tolstoi para mí fue un descubrimiento, un autodescubrimiento incluso porque yo llegué a La guerra y la paz y llegué a Ana Karenina de motuo propio, y esas formas narrativas, esa exactitud, ese estar adentro de lo que él estaba planteando en sus novelas, para mí fue algo sumamente importante, me gustó, me sorprendió, y curiosamente eso lo vine a encontrar con José Revueltas.

Continuará…

lunes, 11 de octubre de 2010

Voces del inframundo. Fallece maestro José Antonio Reyes Matamoros.

Voces del inframundo
Samuel Máynez Champion

Revista Proceso


El 9 de febrero de 2009 apareció en mi correo electrónico un mensaje que, de manera perentoria, atrapó mi interés: se me solicitaba una entrevista para hablar de un proyecto operístico surgido en la Escuela de Escritores de San Cristóbal Las Casas. Aunque escueta, la misiva daba pie para un sinfín de elucubraciones en las que, invariablemente, el Bel Canto se erguía en locaciones impensables pero, asimismo, maravillosas. Imposible suponer que atrás de los gestos mecánicos que originarían las comunicaciones virtuales de ida y vuelta se guarecía una amistad entrañable y menos aún, que el lapso temporal para que ésta se fraguara sería tan breve.

Días después apareció en mi domicilio un hombre bien plantado que miraba de frente y sonreía con el rostro íntegro. Se trataba del maestro José Antonio Reyes Matamoros quien había fundado y dirigía la escuela para escritores de la ciudad chiapaneca. Su grata presencia y la convicción de sus palabras disolvió con pasmosa inmediatez el azoro propio de los desconocidos que están destinados a de dejar de serlo. A simple vista, el maestro carecía de recovecos y se manifestaba con la franqueza de los individuos que han vibrado en todas las tonalidades con que la vida los ha envuelto; desde las privaciones y la cercanía con la muerte, hasta la convivencia diaria con las flores del intelecto y los perfumes del espíritu.

Tardó más de lo previsto el ingreso en la conversación del porqué del encuentro. José Antonio quería saber más de mí y, por alguna razón que me rehuía, lo ruborizaba traer a colación un proyecto que, a pesar de apasionarlo, le merecía juicios despiadados. Decía que tenía la idea pero que el estado de la misma era embrionario y que no sabía cómo cristalizarla en el terreno melódico. Quería hacer una ópera que se destinara para el ciudadano de a pie o, macehual, según su propio decir, mas no era versado en música. Inopinadamente, destrabó sus reticencias mostrándome un libreto titulado Nezahualcóyotl, Ópera-blues en 4 actos. Me lo entregó como si yo fuera un ginecobstetra que habría de ayudar a parirlo con ventura…

En ese punto de la plática la confianza fluía a torrentes y no dude en decirle que, con independencia de sus méritos literarios, la idea arrostraría obstáculos; sobretodo, aquellos interpuestos por los sujetos que detentan los puestos de poder en las Bellas Artes, para quienes lo relacionado con la causa indígenísta seguía siendo un tema álgido que era conveniente mantener en prudente folclorismo. Con apego a los hechos, le recordé que ya se habían compuesto obras basadas en mandatarios indígenas de feliz memoria y que no habían logrado evadir el menosprecio. Aniceto Ortega montó su Guatimotzin en 1871 alcanzando sólo un par de representaciones. Caso análogo al del poema sinfónico Cuahtémoc concebido en 1929 por José Rolón que aguarda que se le rescate. Peor aún lo sucedido con la ópera Nezahualcóyotl de Roberto Téllez Oropeza escrita en 1949 que ni siquiera se ha estrenado.

Como broma a medias mencioné que una opción infalible para su éxito sería injertar la figura de un amo de las drogas como narrador. ¿Por qué no recurría a un capo del narco que se identificara con las atrocidades sufridas por el Señor de Texcoco para dar vida desde el presente a un drama mancomunado? ¿No había presenciado Nezahuacóyotl como asesinaban a su padre y no había debido sofocar la insurrección de su propio hijo matándolo en aras de la estabilidad del imperio?... José Antonio respondió que más allá de coincidencias el país necesitaba aferrarse a personajes míticos que encarnaran al ideal de gobernante, es decir, al guerrero sabio que hace acopio del arte para dignificar la existencia de su pueblo, o al regidor sensible que encara los misterios de su corazón valiéndose de la veracidad de la palabra. Ante la puntualidad de su argumentación aduje que si se apoyaba en el potencial de las palabras para despertar la conciencia, entonces debía evitar el español. ¿Por qué no ampliaba el espectro de la dominación lingüística traduciéndola al inglés? ¿No había pensado desde un inicio en hacer una ópera blues?

Mi nuevo amigo aceptó que la última propuesta podría tener futuro y se despidió dejándome la tarea de hacer una lectura rigurosa de su libreto. A su vez, él recapacitaría en mis observaciones para afinar la parte literaria del trabajo. Lejos estaba yo de caer en la cuenta que acababa de estrechar la mano de un mexicano excepcional. Su modestia le había impedido contarme de las luchas acérrimas que había librado, de su incorruptibilidad, de sus logros como maestro y de sus profundos desengaños. Junto a las disquisiciones musicales, la acelerada descomposición que corroía la faz de la patria había acaparado la charla. Sabría más adelante que la trayectoria de mi amigo era ejemplar. Había participado en la guerrilla y ante su infructuosidad había abrazado el rol de educador. Se había sumado a las campañas alfabetizadoras en comunidades marginadas y había empeñado su aliento para preservar la palabra indígena. A sus esfuerzos se debía la publicación de libros en tzotzil, chol y tseltzal emanados de los talleres literarios que impartía en su escuela, así como la traducción en lenguas mayas de los Acuerdos de San Andrés. Sin duda, José Antonio era un mentor exigente que se aplazaba a si mismo en pos de los demás.

Concluida la lectura del libreto me comuniqué con él para decirle con la garganta hecha nudo que estaba convencido de su eficacia; la fuerza de sus parlamentos era contundente y, en mi entender, era obra de un poeta consumado. Acordamos volver a reunirnos para que me mostrara las enmiendas que le había hecho y para buscar, entre ambos, a un músico de blues que estuviera a la altura. Ese día no llegaría jamás.

El 25 de septiembre de 2010 se me convoca a su sepelio. Con apenas 50 años de edad, José Antonio sufre una embolia pulmonar que arrasa con su tiempo entre los vivos. Frente a su ataúd resuenan palabras henchidas de agradecimiento. Concluye así, una vida terrena volcada hacia la solidaridad con el prójimo, abriéndose paso una estela fecunda que se conforma, entre otras virtudes, por un importante corpus literario que espera ver la luz. Uno a uno, sus alumnos (1) y sus seres queridos tejen una elegía fúnebre que pervivirá en la memoria de los que, como él, quisieran vivir en un país menos injusto. En el umbral de la funeraria su madre recibe las cenizas calientes mientras surgen desde el míctlan las voces del Rey poeta que ha sido invocado para clamar por la inacabable tragedia de su gente.

[1] Se recomienda la audición de los poemas de Juan Álvarez, alumno estrella del maestro Reyes Matamoros. Para escucharlos pulse la ventana de audio correspondiente.

Se trata de extractos poéticos del libro Así canta la muerte de Álvarez, quien recita en tzeltzal y español. Con esta obra el joven poeta chiapaneco acaba de recibir el premio continental en lenguas indígenas.


jueves, 7 de octubre de 2010

Nobel para Mario Vargas Llosa

El Nobel, reconocimiento a la literatura de AL: Vargas Llosa
"Espero que me lo hayan dado por mi obra literaria, más que por mis ideas políticas", dijo el escritor.
AFP, Reuters y La Jornada en línea Publicado: 07/10/2010 09:40
Nueva York. El escritor peruano Mario Vargas Llosa, distinguido este jueves con el premio Nobel de Literatura, dijo que aún no se lo creía y que esperaba sobrevivir a todo lo que rodea a la concesión del galardón literario de más resonancia.
"Espero sobrevivir al Nobel", dijo en una conferencia de prensa en el Instituto Cervantes de Nueva York, en su primer encuentro abierto con los medios desde que se conoció la concesión del premio.
"Estoy sorprendido, todavía no acabo de creérmelo", agregó, reiterando que "el premio de alguna manera también reconoce la importancia de la literatura latinoamericana".
Vargas Llosa, de 74 años, autor de La fiesta del chivo y La ciudad y los perros, expresó su confianza en que sus ideas políticas, que le han granjeado la antipatía de sectores de izquierda latinoamericanos, no hayan tenido ninguna influencia en la concesión del premio.
"Espero que me lo hayan dado por mi obra literaria, más que por mis ideas políticas", explicó el escritor, que se declara liberal y que fue candidato a la presidencia de Perú en 1990, en una campaña en la que acabó imponiéndose Alberto Fujimori.
Antes, en declaraciones desde Estados Unidos a la radioemisora peruana RPP, el autor expresó sorpresa por haber obtenido el Nobel y hasta pensó que le jugaban una broma cuando supo la noticia.
El afamado novelista relató que preparaba a las 5:30 de la mañana una de las clases que imparte en la Universidad de Princeton en Estados Unidos cuando lo llamaron desde Estocolmo para notificarle que, después de años de gran expectativa, ganó el Nobel y que en "14 minutos" lo sabría el mundo entero.
"Yo hace muchos años que pensaba que no estaba entre los candidatos. La verdad que ha sido una sorpresa mayúscula (...) pensaba que era una broma", dijo.
"Tengo ganas de irme a caminar porque estoy medio aturdido", afirmó entre risas. Y en Nueva York aseguró que no ha tenido tiempo de pensar en lo que significa este premio porque se la ha pasado respondiendo preguntas.
"Me voy a mirar al espejo y me voy a ruborizar", agregó cuando le leyeron desde Lima cómo el comité describió su obra.
El escritor peruano nacionalizado español destacó en declaraciones a la emisora de radio colombiana RCN que "es un reconocimiento a la literatura latinoamericana y a la literatura en lengua española y eso sí debe alegrarnos a todos".
"Gran parte de este premio se lo debo a España", dijo Vargas Llosa en otra entrevista a la televisión pública española por teléfono desde Nueva York.
"En España es donde yo me hice un escritor conocido, así que quisiera en esta circunstancia agradecerle mucho a España todo lo que le debo como escritor", declaró por teléfono a la cadena TVE1.
"España es donde mi obra fue publicada, fue reconocida, fue promovida", agregó.
"Hay algunos españoles que han sido personas decisivas en la divulgación que han tenido mis libros, como Carlos Barral, que fue mi primer editor, el hombre que promovió tanto mi primera novela", recordó el flamante Premio Nobel.
Además citó a la agente literaria Carmen Balcells.
"Estoy seguro que debe estar tan contenta como yo con este premio, ella también a lo largo de muchos años ha promovido, ha hecho lo imposible para que mi obra se conozca", declaró agradecido el novelista peruano.

jueves, 30 de septiembre de 2010

jueves, 23 de septiembre de 2010

La corte de los ilusos



Ante tanta fiesta bicentenaria nos hemos convertido en La corte de los ilusos

Por: Alejandro Aldana Sellschopp.

En estos días en los que el patrioterismo es el pan nuestro de cada día, es interesante regresar a ciertas obras que retoman de alguna manera algunos pasajes históricos importantes, hoy que se presenta en las pantallas de cine a un Hidalgo bonachón, y la sacrosanta televisa se empeña en vendernos una historia rica en caras bonitas y galanes marchitos por sus ínfimas posibilidades actorales, hoy que vivimos en una verdadera narcocracia, y el señor Felipe Calderón se rasga las vestiduras para convencernos que la guerra contra el narco es una guerra de todo el pueblo mexicano, precisamente en estos tiempos bicentenarios considero que es necesario regresar a ciertas novelas que recrean la historia de nuestro país.

Hace unas semanas me decidí a leer La corte de los ilusos de Rosa Beltrán, su lenguaje ágil y buena manufactura narrativa nos obliga a leerla de una sentada, como gustaba a E.A. Poe. SI se trata de una buena o mala novela eso lo dejo en manos del lector.

La corte de los ilusos se aparta de la consideraciones respecto a lo que debía ser una novela histórica en el siglo XIX, su forma de abordar la trama poco tiene del romanticismo de la época, nada o casi nada encontramos de la influencia de Walter Scott o las referencias de las crónicas coloniales; por el contrario, la novela se mueve por un discurso moderno, muy característico de la novela histórica de mediados del siglo XX.

Un elemento fundamental de la novela La corte de los ilusos es el entramado lingüístico, tiene algunos elementos de la novela realista del siglo XIX, sobre todo en el énfasis que se hace en los giros de lenguaje de la época, lo cual aporta mucha atmósfera narrativa al tejido narrativo, es decir, desde las palabras la autora nos facilita entrar a una época determinada, un espacio y un tiempo que está bastante lejano a nosotros. El lenguaje de la novela cuenta con refranes, pregones, palabras muy mexicanas, expresiones que se convierten en una verdadera forma de identidad del país y la época donde se desarrolla el argumento; así mismo sirve para otorgarle profundidad y carácter a la psicologías de los personajes.

Los personajes de La corte de los ilusos son en su mayoría históricos, sobre todo los personajes centrales, aquellos que hacen que la historia se transforme, con la ayuda de algunos personajes periféricos, de pura invención, que coadyuvan a que el argumento tenga un desarrollo lógico, verosímil.

La novela nos presenta a estos personajes sin ser tratados como héroes, si es que esa cualidad tiene lugar, por el contrario, dichos personajes son tratados desde una perspectiva humana, es decir los vemos enfrentándose a sus pasiones, las cuales de alguna manera son quienes los pierden. Hay un tono carnavalesco, donde reuniones, diálogos, y juergas transcurren en ambientes de mascarada, donde el narrador omnisciente en ocasiones se mofa de personajes e historia. Logrando con ello cierta desmitificación del Imperio encabezado por Agustín de Iturbide.

Según Menton (42) hay seis rasgos que caracterizan a la nueva novela histórica, para identificar una novela de tal subgénero, no es necesario que se reúnan todas las características, pero sí la mayoría. En la corte de los ilusos podemos encontrar las siguientes:

1.- La subordinación: En la novela de Rosa Beltrán leemos la crónica de una época, y basándose fundamentalmente en los diálogos se proyecta una forma de pensamiento, un marco teórico sobre la forma como los miembros del imperio veían el México de la época, y sobre todo nos muestra la forma de pensamiento de la burguesía de esos años.

2.- En la novela de Beltrán se recurre a la distorsión conciente de la historia (Menton 43), mediante omisiones y exageraciones; si bien, las exageraciones y omisiones son recursos para que la lógica de la novela se sostenga, en algunos capítulos observamos que la exageración llega al tono carnavalesco.

3.- Ficcionalización: Encontramos a los personajes realizando acciones, diálogos y encuentros en circunstancias especiales, extraordinarias, donde todo encuentra su perfecto lugar, logrando que todas estás formas sean verosímiles.

4.- Metaficción: En La corte de los ilusos encontramos muy poca metaficción, casi nula, circunscribiéndose a la novela histórica de mediados del siglo XX.

5.- Así mismo no encontramos a la intertextualidad como recurso narrativo.

El carácter carnavalesco a que se refiere Bajtín están retomados en la novela, las exageraciones humorísticas se presentan en varios pasajes, los personajes son presentados con un dejo de ironía, muy al estilo de Sócrates, la ironía como un discurso para entender mejor la realidad, en este caso, para conocer mejor la historia, aún cuando la finalidad de la novela no es pedagógica.

Un elemento básico de lo carnavalesco es la parodia, y en La corte de los ilusos encontramos la parodia con un gran sentido del humor, y lo paródico se compone desde el lenguaje, la manera de presentar los personajes y de crear cuadros dramáticos donde la situación nos lleva a la parodia.

Ante tanta fiesta bicentenaria, los mexicanos deberíamos buscar en la literatura un acercamiento menos idealizado de nuestra historia, para dejar de ser un poco por lo menos, la corte de los ilusos.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Avatares de la novela histórica


Avatares de la novela histórica

Por: Alejandro Aldana Sellschopp.

En fechas recientes la novela histórica se ha convertido en un suceso de ventas, los lectores acuden a los quioscos de libros para adquirir novelas como: La guerra de las rosas de Sharon Kay Penman, Tartesos un reino soñado de Jaime Alvar, La justicia del Visir de Christian Jacq, entre muchas otras, cada libro presenta en su portada un cintillo que proclama con honor Bestseller. Hoy podemos observar a personas que jamás leyeron un libro por placer, acercarse a una literatura sencilla, medianamente bien escrita, ampliamente documentada, que ubica sus argumentos en lugares extraños y en un remotísimo tiempo. La formula ha funcionado, por lo menos en términos comerciales.

Considero que es preciso realizar una reflexión sobre la novela histórica, y su desempeño en América Latina. Mucho se ha escrito al respecto, los eruditos discuten sobre la fecha clave en la aparición de la novela histórica. Entiendo que es en 1979 cuando este subgénero cobra verdadera importancia, aún cuando con anterioridad se publicaron algunos libros que tenían características de la nueva novela histórica, me refiero a: Yo el supremo (1974), excelente novela sobre la figura del dictador, con características muy similares al parangón estético de la novela del boom, escrita por un escritor de primer nivel, desgraciadamente hoy casi olvidado, Augusto Roa Bastos, una de las mejores plumas de la literatura de América Latina, y la otra novela es realmente un portento, del mexicano Carlos Fuentes, Terra Nostra (1975), un trabajo totalizante, dotada de una intricada estructura lingüística y argumental.

Generalmente se refiere a la novela histórica como aquella en la que los sucesos específicos, son extraídos de la historia, son quienes determinan el desarrollo del argumento, y el ambiente socio-político se convierte en el fondo en el que se desenvuelven los personajes.

Así, una época determinada con sus giros de lenguaje, la moda, lecturas, arquitectura, situación política y social forman parte intrínseca del argumento, es decir, que lo que se cuenta no podría suceder en otra época, y que las motivaciones y carácter de los personajes también están dibujados por la etapa histórica; partiendo de que los tipos humanos que se crean son lo suficientemente humanos que se convierten en intemporales, que sus acciones podrían suceder en cualquier tiempo, es decir que se vuelven a una cierta forma de universalismo temporal.

Una característica de la nueva novela histórica frente a los bestsellers históricos es precisamente que no existe la incorporación artificial de personajes en un espacio-tiempo extraño para ellos mismos.

La novela de América Latina siempre se ha preocupado por los problemas socio-históricos, a diferencia de la norteamericana y la europea, El periquillo Sarniento, por ejemplo es una de nuestras primeras novelas, y la reflexión histórica es parte fundamental de su entramado argumental.

En 1985 José Emilio Pacheco escribió: “la novela ha sido desde sus orígenes la privatización de la historia, historia de la vida privada, historia de la gente que no tiene historia, en este sentido todas las novelas son novelas históricas”.

Se ha señalado que la novela histórica son aquellas cuya acción se ubica total o parcialmente en el pasado, un pasado que el autor no vivió de manera directa. Para Avrom la novela histórica es aquella que su acción se ubica en un separado del autor por dos generaciones, para David Cowart, se trata de una “ficción en que el pasado figura con cierta importancia”, además plantea un elemento extraordinario, ya que incluye aquellas novelas que su acción se desarrolla en el futuro, pero que ese futuro está determinado por un pasado y presente determinado, pensemos en 1984 de Orwell o Un mundo feliz de Huxley.

Anderson Imbert señala que la novela histórica es aquella que cuenta una acción ocurrida en una ápoca anterior a la del novelista, ésta definición ha influido a una gran cantidad de estudiosos del tema, quienes toman como punto de partida los elementos que Imbert aporta.

SI partimos de estas consideraciones, señalaríamos como novelas no históricas: La muerte de Artemio Cruz (1962), de Carlos Fuentes, Conversación en la catedral (1969) de Mario Vargas Llosa, Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez, ya que las últimas generaciones de su trabajo son contemporáneos del autor.