domingo, 3 de agosto de 2008

Las puertas del infierno: literatura sobre literatura




Abriendo Caminos
El Heraldo de Chiapas
2 de agosto de 2008
por: Alejandro Aldana Sellschopp.

Hace unos días llegó a mi intrincado domicilio un paquete de libros, quien los enviaba se había tomado la molestia económica de enviármelos por Estafeta, "cosa extraña", pensé sorprendido mientras miraba con cierto recelo el sobre de manila, "¿será mi novela que es rechazada una vez más?", hace meses que tengo una pesadilla recurrente: Miles de sobres de manila me cercan y tratan de aniquilarme mediante el terror de la novela rechazada. Incluso en pleno estado de vigilia he creído ver un extraño sobre amarillo siguiendo mis pasos.Para mi tranquilidad vi el nombre del remitente Vicente Gómez Montero. Una mezcla de inquietud y emoción hicieron que abriera el paquete de inmediato. Frente a mis ojos varios libros de Vicente Gómez: "Las Puertas del Infierno", "La Palabra Infinita", una antología de nuevos escritores hispanoamericanos, un libro de teatro del propio Vicente (del cual hablaré en otra ocasión).Los libros se acompañaban de una emotiva carta. Sin pensármelo dos veces decidí alterar mi orden de lecturas, por esos días venía leyendo algunas novelas del excelente escritor Philip Roth, deje a un lado "La Lección de Anatomía", para comenzar a leer* "Las Puertas del Infierno".Hace aproximadamente un año, un libro de Vicente Gómez Montero me sorprendió, "La Enfermedad de La Rosa" fue la novela que me develó a un escritor de altos vuelos, poco conocido, un anónimo autor perdido en el infernal calor del sureste mexicano."Las Puertas del Infierno" es un libro de cuentos inquietante, literatura de la literatura, el arte nutriéndose del arte mismo. Vicente es un caníbal doble: por un lado él mismo es un hombre libro, un hombre ópera, un hombre esculpido por su reflejo, y por el otro hace, mediante sus narraciones, que la literatura extienda vasos comunicantes a espacios y tiempos que parecen romperse. Si bien no estamos frente a un libro para escritores, sí tenemos ante nosotros un libro para Lectores, así con mayúsculas. Para disfrutar el libro en su totalidad, que es la única manera del disfrute verdadero, es necesario conocer.Los cuentos son imbricaciones, espejos que resimbolizan antiguas historias, la prosa de Vicente es limpia, musical, maliciosa, la cadencia de las frases envuelven al lector al grado de no importarnos qué se cuenta, sino cómo se cuenta. El cuidado del lenguaje, la economía de recursos, y sobre todo la precisión del adjetivo hacen de cada narración una revelación.En el cuento "El Casto Sueño de la Mariposa" encontramos el desasosiego, de golpe el autor nos traslada a tierra de nadie, perdemos seguridad, estamos a la deriva, un encuentro entre homosexuales, tema recurrente en la obra de Vicente, nos conduce a una historia extraordinaria, su singularidad no es lo que cuenta, una historia de amor frustrado, que en realidad es el tema de todas las narraciones del libro, por algo el epígrafe de Cervantes dice: "Por eso juzgo y discierno/por cosa cierta y notoria,/que tiene el amor su gloria/en las puertas del infierno". Así es, son historias donde el amor consigue la gloria, quizá por escasos instantes; pero gloria al fin, precisamente a las puertas del infierno. "El Casto Sueño de la Mariposa" nos conduce a Japón, el lector no podrá evitar remitirse a Kawabata, Mishima, Murakami, incluso Izhiguro.Es en este primer cuento en el que Vicente nos presenta a un personaje clave en el libro, el doctor Álvaro Cristante, ese ser que "no podremos imaginarlo más que en los lugares extraños del mundo, departiendo mano a mano con los músicos, los pintores, los escritores de mayor prestigio en nuestro planeta".El cuento "Abel Bajo Tierra" es una excelente metáfora, inspirada en la inteligencia, juego intelectual que exige una detenida y avispada lectura. La narración "La Canción que Cantaron las Sirenas" es una de las más logradas, nuevamente una reunión cotidiana, sencilla, llena de snobismo, nos conduce a la puerta del infierno y no duda en penetrar en él. Aquí podemos palpar la maestría de Vicente Gómez para contar historias; pero sobre todo leemos a un poeta que calibra cada palabra, adjetivo, ritmo y cadencia, armonía y asonancia. La materia de los sueños es el tejido de la narración, su fantasía nos devora, nos embriaga con su canto seductor, un poco de cera en los oídos y un mástil, una verga para atarte es innecesaria, ya que estos cantos fueron escritos para perdernos, por lo menos en el trance eterno de la lectura, sin duda una historia única, quizá deba decir que nos quedan, o por lo menos eso me sucedió, ganas de seguir leyendo, muy probablemente estás frente a una novela corta que no se decidió crecer."El Corazón Devorado" es un cuento extraño, fuera de lugar dentro del libro, una historia divertida de una sutileza exquisita con humor inteligente, ¿el personaje?, no revelaré el secreto; pero se trata de un guiño a Kafka, es decir, se inscribe en la lógica del absurdo, aquí como en todos las narraciones se degusta la erudición de Vicente.La última puerta es la narración "El Beso de Tosca", nuevamente la literatura se nutre de la literatura. No conozco personalmente a Vicente, pero por la frescura de la narración, la agilidad de las situaciones, un humor mucho más natural que las anteriores, y corriendo el riesgo de ser inocente, ¿el nombre del personaje?, un hombre obeso llamado Vicente que departe con escritores, es locutor de radio, inteligente, erudito, tiendo a pensar que se trata del cuento más autobiográfico.Tenemos pues un buen libro para repensar la situación de la narrativa en el sureste mexicano, la obra de Vicente Gómez podrá seguir en la sombra; sin embargo, al final de la puerta estoy seguro que no le espera el infierno.

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