martes, 22 de julio de 2008

¿Joaquín Peón?, me suena, me suena.


Entrevista a Joaquín Peón por Alejandro Aldana Sellschopp.



Joaquín peón es un joven escritor de Yucatán, quien por la calidad de su primer libro La Casa de Todos, es considerado uno de los escritores jóvenes más interesantes de México, así mismo su columna Los Diarios Irreverentes es una de las más leídas en Internet, recientemente nos dio la grata noticia que en noviembre saldrá publicada una antología de jóvenes escritores hispanoamericanos, por la prestigiosa editorial MONDADORI, en la cual está incluido.


1.- ¿Como nació tu vocación literaria?
Ufff, esa clase de preguntas nos dejan mal parados, todo lo que responda corre el riesgo de sonar pretencioso. Así que sólo me queda ser honesto durante la entrevista y que el lector haga lo que quiera con eso. Creo que todo ser es ser casual, todo ser es catástrofe, y en ese sentido he sido afortunado en varios sentidos. Para empezar nazco en una familia de lectores, desde muy temprano estoy en contacto con los libros. También soy terriblemente despistado, tengo los dos pies en la luna, tengo unas lagunas mentales en que desaparezco por diez minutos, y llego de un lugar a otro sin tener muy claro que sucedió en el camino. Comencé a escribir desde que entré a la secundaria. Desde la prepa le dedico al menos una hora diaria. Al principio era un asunto reaccionario, panfletario al borde de provocar migraña en los lectores. Muy incomodo. ¿Vocación? No lo sé, el término tiene una connotación religiosa, te puedo decir que me lo tomo muy en serio, que todo el maldito día estoy pensando en escribir, que mi percepción de la realidad está literalizada a un grado en que lastima todas mis relaciones. Hace poco casi pierdo a una persona muy cercana porque, en sus palabras, había dejado de verla como un ser de carne y la había transformado en personaje, sus problemas reales eran para mi pretextos narrativos. Me pateará cuando lea esto. Supongo que las letras me ha vuelto peor persona, y valga la redundancia, mejor escritor.

2.-¿Qué escritores te han marcado?
Tengo muchas lecturas pendientes. Mejor te hablo de libros, sin ningún orden. Los detectives salvajes porque son el paradigma de mi generación, porque lo único que le pido a la vida (y sé que no me lo concederá) es un final como el de Belano. Las partículas elementales por la sutileza con la que incorpora la ensayística a la narrativa, por cerrar con una propuesta auténticamente contra que a los payasitos mexicanos ni se les cruza por la cabeza. El hipogeo secreto por endemoniado, por la polifonía, por agresivo, por infinito. Lolita porque es una obra maestra, no tiene una página mala, lo saboreé de principio a fin. Quisiera tener el humor de Bukowski. Quisiera escribir un monólogo como Tala de Bernhard. Quisiera tratar la locura como Sarah Kane. Los existencialistas y los beat con medida. Kundera con nostalgia, Saramago sienta bien. Soy de la escuela de Fernando Vallejo si existe tal cosa. Pessoa por encima de cualquiera, todos los días, antes y después de cada comida, al despertarse y antes de ir a dormir. Nunca, nunca, de los nuncas, José Agustín. Y fuera de eso, Bob Dylan en la sangre, Padre de Familia en la risa, y sobre todo, amigos, mujeres, familia, que trascienden mucho más.

3.- ¿Qué opinión tienes de la nueva generación de escritores del sureste de México?
Primero habría que pensar si realmente existe el sureste más allá de una fatalidad geográfica. Chiapas y Yucatán podrían parecer dos países distintos. Nos une lo maya y punto, aun así tenemos distintas formas de entenderlo. Cada vez que voy a un encuentro, taller, o blablabla, salgo muy decepcionado. Quiero pensar que esto se debe en parte a los amiguismos y la torpeza de las instituciones culturales. No creo que exista un “tema del sureste”. En mi opinión, el tema de Mérida hoy en día, debiera ser la angustia del individuo que juega un rol limitado por las convenciones sociales, que crea y proyecta una imagen de sí mismo, que lo arrastra a la locura, en medio de una sociedad hiperconservadora que nada le importa. Vamos por los nombres, aunque mi conocimiento es limitado. En Chiapas, un tal Alejandro Aldana está alzando la mano. Lo mismo con Eduardo Huchín en Campeche. No he conocido tabasqueños, ni quintanarroenses, jóvenes que valgan la pena, pero deben estar por ahí. En Yucatán, porque los conozco más, te daré tres nombres. Manuel Iris, poeta inteligente de 24 años, smooth, hondo, que lo midan con quien sea; Juan Esteban Chávez, narrador, si aprieta las tuercas le irá muy bien, sabe enredarse en el lenguaje; María José Pasos, 21 años, podría terminar de cualquier forma concebible, desde muerta en una carretera sudamericana en dos semanas, pasando por académica de la UADY en treinta, o como la mejor dramaturga mexicana de esta generación. Creo que los talleres han fracasado. Creo que tantas becas y premios estorban. Creo que Alberto Chimal es el experimento perfecto de aquella nueva generación tallerista de los 70s y lo poco que le conozco me parece aburridísimo. Yépez me parece un fuera de serie, pero… ¿A poco no hay un Ortuño, un Lemus, un Rafa Saavedra, por estos rumbos? Estoy segurísimo que hay una Mayra Luna. Si fuéramos de Tijuana, seríamos mucho mejores para la crítica. Hay que checar los Grandes Hits de Tryno Maldonado. ¿Por qué no hay nadie del sureste? Reto a Tryno a que le mandemos una antología de 15 narradores a ver cómo nos va. No queremos condescendencia a lo Tierra Adentro, sólo la oportunidad de un mano a mano.

4.-¿Andando el tiempo que tan satisfecho te sientes con tu primer libro publicado?
Satisfecho. La casa de todos se ha leído bien en el estado en relación al número de lectores. También tengo un digno grupo de no-lectores que encuentran formas metacósmicas de destrozar el libro sin haber leído una sola página. Tiene algunas cuerdas flojas, me paso de rollero, pero los personajes están ahí, caminan, sus relaciones tienen sentido. Y bueno, el libro trata de una “revolución existencial” en Mérida, mezcla varios narradores, explora el mundo onírico, y funciona porque el hilo que atrapa al lector es la esperanza, y eso nunca pasa de moda.

5.-¿Consideras que tus diarios irreverentes carecen de rigurosidad literaria?
Sí, definitivamente. Me han causado muchos dolores de cabeza últimamente. Me apresuré, la versión que lleva un año publicándose por entregas en
www.unasletras.com, no tiene correcciones. Los he seguido trabajando, pero se caen. El lenguaje es flojo, existen huecos en la historia, los personajes secundarios son como sombras, hay unos rollos pseudoantropológicos patéticos, etc. Sin embargo, ha sido una buena experiencia de aprendizaje, de paciencia, y rigurosidad. También tiene su lado positivo. En uno de los capítulos finales se habla de que Los Irreverentes han creado una campaña para derrumbar la catedral de Mérida. Algún despistado entró a la página sin haber leído los capítulos anteriores y lo leyó en su programa de radio. Algún entusiasta llamó a solidarizarse con la causa. También leí un blog de un chavo que se había inclinado a estudiar letras en parte por los Diarios Irreverentes. Además ha sido un gusto compartir página con todos los columnistas, Eugenia Montalván, Christian Nuñez, Sandro Cohen, y sobre todo, Eusebio Ruvalcaba que siempre me hace recuperar el entusiasmo por la vida. Ahora se nos une Mayra Santos, un privilegio.

6.- ¿Cuentame un poco de tu inclusión en una antología de narradores jóvenes de la prestigiosa Mondadori?
Random House y Unión Latina se unieron para armar una antología de narradores hispanoamericanos menores de 27 años. Los cuentos se mandaron por e-mail en diciembre. Yo había olvidado por completo la convocatoria y splashhhh me llega un correo misterioso. Fuimos diecisiete autores seleccionados. El libro se venderá a partir de noviembre en todos los rinconcitos donde se hable español. Me entusiasma, en esta carnicería de egos y escritores, es fundamental para el bolsillo contar con el respaldo de instituciones y editoriales de prestigio. Espero que esto me abra algunas puertas. Aunque en el fondo, estas noticias hay que olvidarlas al día siguiente que se reciben. ¿Qué fue esa payasada de los 100 autores jóvenes de Día Siete? ¿De verdad leyeron a todos o una máquina acomodó los currículos que entraron? Si los leyeron, que maldita flojera, no creo que haya veinte que valgan la pena. Esta manía antologadora, jerarquizadora, me resulta sospechosa, detestable, es una especie de neurosis pop. Hay que prohibir antologías, listas, diccionarios, por los próximos cincuenta años. Hay que sentarse a escribir y callar.

1 comentario:

Mario Alberto Bautista dijo...

¿Y los comentarios? Qué espurio, jaja.