lunes, 10 de marzo de 2008

Súmate al sueño de Pro-OAX

Todos soñamos alguna vez con nuestros más íntimos anhelos. Los comerciantes y los empresarios sueñan con la creciente prosperidad de sus negocios; los políticos sueñan con escalar los más altos cargos públicos y con permanecer en la memoria amorosa de sus pueblos; los obreros y campesinos sueñan con un trabajo digno y con líderes sociales honestos e incorruptibles; los padres de familia sueñan con maestros sabios y amorosos que conduzcan a sus hijos por la senda de la virtud y de la justicia…

A partir de los conflictos del año 2006, los sueños de la mayoría de los oaxaqueños se convirtieron en una pesadilla. Sigue latente el miedo a que el odio y la violencia, con su secuela de destrucción y miseria, se apoderen de nuevo de la entidad y nos hundan en la barbarie.

Vemos con preocupación cómo la inseguridad pública -secuestros, levantones y asesinatos- tiene en vilo a la ciudadanía. Vemos señales ominosas en los ataques e injurias con que se descalifican mutuamente los líderes y funcionarios que deberían ser ejemplo de entendimiento y concordia… Pero por encima de estas visiones inquietantes está nuestro sueño pleno de amor y esperanza. Un sueño sin presos políticos ni bloqueos de calles y carreteras; un sueño de perdón y no de odio, de reconciliación y no de venganza; un sueño donde la mentira y la simulación sean desplazadas para siempre por un diálogo respetuoso entre la sociedad y el gobierno.

Los que amamos a Oaxaca por encima de todo, aún seguimos soñando con lo imposible.


Francisco Toledo


PATRONATO PRO-DEFENSA Y CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL DEL ESTADO DE OAXACA, A.C.
MACEDONIO ALCALA, 507, CENTRO, C.P. 68000, OAXACA, OAX. MÉXICO TEL. Y FAX (52-951) 51 6 20 45

viernes, 7 de marzo de 2008

Babel

No somos mero "teatro de operaciones"

por: Javier Hernández Alpízar

Los gobiernos de George Bush y Alvaro Uribe están intentando iniciar una guerra en América del Sur.Los gobiernos colombianos, desde el siglo pasado, son una especie de oficina de administración colonial de los gobiernos de Washington.En Colombia existe un conflicto armado complejo, larguísimo. Ahí, el más viejo grupo armado revolucionario del continente tiene bajo su control partes del territorio. Su nombre ahora es demonizado por las agencias de prensa internacionales (de capital estadunidense o de alguna otra potencia colonial), se llaman Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).Otras partes del territorio colombiano las controla el gobierno de Alvaro Uribe, protegido del gobierno belicista de Bush, y aliado de una oligarquía colombiana que tiene ejércitos privados, civiles entrenados para sicarios: los paramilitares. En Colombia el prefijo "para" se deslizó, para significar una sucia estrategia de guerra contrainsurgente, a otras palabras: hay una "parapolítica" y "parapolíticos". Son los "señores de la guerra", como llamaba a sus homólogos en Africa el fallecido Ryszard Kapucinski.Los nexos del narcotráfico con los gobiernos de Colombia y los Estados Unidos son ya una cosa normal. Los nexos del narcotráfico con la "parapolítica" de los oligarcas colombianos que atizan una guerra de paramilitares contra el pueblo colombiano son también un hecho corriente.En la era de Ronald Reagan, la CIA trasegaba drogas en Centroamérica y le vendía armas a Irán (en secreto, porque estaba en guerra contra él) para, con ese dinero, financiar a espaldas de su Congreso a la Contra nicaragüense, cuyos líderes eran manipulados por la CIA.No obstante, el lenguaje de las agencias de prensa internacionales solamente vincula, tramposamente, al "narco" con "la guerrilla" y quiere fundir a ambos en el comodín terminológico de Bush: "terrorismo".La palabra "terrorismo" tiene un "significado" único, en boca del poder: Sirve para estigmatizar, y luego bombardear y carbonizar, a los enemigos de Bush. Así ha sido en los casos de Afganistán e Irak, donde en aras de asegurarse del petróleo y posiciones geopolíticas, el gobierno y el ejército de los Estados Unidos agreden a pueblos enteros.Si la palabra "terrorismo" se usara con un poco de rigor, significando algo así como el uso de la violencia para causar miedo en la gente y aprovecharlo como método de control, entonces el gobierno de George W. Bush es el terrorista que masacra a pueblos como los de Afganistán e Irak para defender sus intereses y manipula la información para atemorizar a los ciudadanos de los Estados Unidos y mantenerlos controlados.¿No es demasiada coincidencia que cada vez que los Estados Unidos padecen una de las crisis cíclicas de su aparato industrial, como su actual recesión, emprendan una guerra para reactivar a su industria militar?¿No es demasiada coincidencia que cada vez que el gobierno de Estados Unidos enfrenta una coyuntura electoral, una guerra en el extranjero le sirve para intentar unificar a los ciudadanos contra un "enemigo común"?Estados Unidos tiene en el Sur del continente una serie de intereses muy específicos: la biodiversidad del Amazonas; la reserva más importante de agua dulce en la región, llamada Acuífero Guaraní; el narcotráfico, respecto al cual el país donde en no se combate es el más beneficiado por las las ganancias, Estados Unidos.Gobiernos como el de Colombia y el de Perú (y en el pasado los gobiernos de Ecuador, hoy no, y ése es un dato clave) han sido tutelados por Washington, para que mantengan ejércitos que masacran a sus propios pueblos, como lo han hecho los ejércitos de Colombia y Perú, los cuales han enfrentado rebeliones armadas no porque haya "terroristas", sino porque los pueblos oprimidos y masacrados han tenido que defenderse incluso militarmente.En Ecuador (como en Bolivia y Venezuela), por primera vez en una larga data hay gobiernos que se niegan a ser meras administraciones coloniales de Estados Unidos.Y por ello no es casualidad que Bush, mediante Uribe y el ejército colombiano, agreda a Ecuador y trate de iniciar una guerra que le permitiría atacar a Ecuador y Venezuela.El otro gran rival de los intereses de Washington es Brasil, la potencia que compite por la hegemonía con Estados Unidos en la región. Por territorio y por riquezas naturales, por población y potencia militar, Brasil es un objetivo estratégico de Estados Unidos. Baste citar un solo dato: Brasil produce sus propias armas, no las compra a Estados Unidos.Ante la agresión del gobierno colombiano al Ecuador se comienza a alinear en México una "opinión pública" que oscila entre la desinformación y el llano mercenarismo (Aguilar Camín, por ejemplo, una pluma al servicio de los paramilitares de Chiapas y de la derecha en México) que intenta meter en un mismo costal a todos los enemigos de Washington.La guerra nunca conviene a los pueblos, es más bien un recurso de los Estados opresores para resolver sus asuntos. Bush podría, mediante una guerra contra un país pequeño como Ecuador, por una parte, vender más armas y tecnología militar a Colombia. Además castigaría a los pueblos de América del Sur que han osado rebelarse e intentan darse gobiernos que no sean personeros de sus oligarquías locales y de Estados Unidos: Ecuador, Venezuela, Bolivia.En el terreno estadunidense, podría intentar usar la guerra como factor de cohesión de los ciudadanos contra un "enemigo común" en la coyuntura electoral, en la cual, sin este tipo de recursos los republicanos podrían perder la Casa Blanca.En México, ahora se reproduce la lógica de Colombia. Con el llamado "Plan Mérida" se copia la estrategia del Plan Colombia: Subordinar el ejército mexicano al mando militar de Estados Unidos. Además, la inyección de fuertes cantidades de dinero (950 millones de dólares, según Washington, publicó ayer La Jornada) para aviones, helicópteros, armas. Y el uso de una pantalla, "el combate al narcotráfico", para que las fuerzas armadas y los grupos de sicarios y paramilitares ataquen a toda posible resistencia, como ocurre ya en Chiapas con la Oppdic, respaldada militarmente por Fuerzas Especiales, los "Rambos" que Estados Unidos prepara en las artes de la guerra sucia contra sus propios pueblos.A propósito de la presencia de ciudadanos mexicanos, una de ellas herida, Lucía Andrea Morett Alvarez, en el lugar en Ecuador hasta donde fuerzas del ejército colombiano entraron para atacar a insurgentes de las FARC, se ha desatado en México una campaña de linchamiento contra la UNAM, contra colectivos y estudiantes, y un intento de hacer aparecer a todos en un mismo lugar común: el "terrorismo".A los Estados Unidos les encantaría poder incluir en su lista de "terroristas" al EZLN, una organización que no es una guerrilla, sino un movimiento social y político de miles de indígenas que tienen un brazo armado –"sociedad civil en armas", le llamaría Antonio García de León–, y que llevan más de 10 años haciendo una lucha civil y pacífica, sin usar las armas ni recurrir al secuestro ni a los petardos.En estos momentos, luchar por aislar el intento guerrerista contra el pueblo ecuatoriano, pueblo mayoritariamente indígena, digno y rebelde (al igual los aymaras y los mapuches de Chile, Argentina y Bolivia y el pueblo venezolano) es vital.Dice Sun Tzu que para la hacer la guerra es esencial el arte del engaño. Y eso están haciendo con su guerra psicológica los interesados en presentar como "terroristas" a quienes se oponen a sus políticas de destrucción de nuestros pueblos.Por ello es importante enfrentar a la mentira con información veraz sobre la historia de la lucha de nuestros pueblos, desde los pueblos indígenas y los ciudadanos dignos en Canadá y los Estados Unidos y los movimientos populares desde México hasta la Patagonia.Algunos sitios donde se puede saber de ellos son:http://www.adital.com.br/http://bolivia.indymedia.org/http://colombia.indymedia.org/http://www.lafogata.org/http://www.lainsignia.org/http://www.vientosdelsur.org/http://www.prensaindigena.org.mx/http://www.mapuexpress.net/Son solamente unos pocos de los muchos sitios en la red con información sobre el esfuerzo de los pueblos americanos por construirse un futuro. Esos pueblos merecen la paz, y no ser un mero "teatro de operaciones", en los que Estados Unidos intenta convertirlos con su Plan México y su Plan Mérida.Como dijera Efraín Huerta, hoy di mi firma por la paz.

jueves, 6 de marzo de 2008

Letra y Música

por: Eduardo Huchín

Los bibliómanos tenemos una desventaja sobre los melómanos: no podemos hacer compilaciones. O por lo menos, no podemos antologar placeres y regalarlos en paquetes prácticos, como los discos compactos. Una veintena de cuentos supone una carpeta de fotocopias que no cualquiera está dispuesto a subsidiar. Además, la música ha podido reproducir la fidelidad de una grabación a través de la tecnología: escuchamos discos quemados que suenan como los originales, pero hacer la copia exacta de un libro necesita de un arte que sólo los piratas han podido dominar. La principal prerrogativa que tiene la música es que puede compartirse. Las bocinas de 3 mil watts para la casa o el automóvil establecen de inicio una manera de aportar nuestra voz al concierto de los espacios privados que se vuelven públicos. En ese “lugar con parlantes” que pidiera Cerati, la demografía también duele en los oídos y no sólo en los moretones después de bajar del metro.
En las calles, los camiones, las cantinas, incluso la oficina, la música se ha convertido en el analgésico esencial para soportar la vida. A nadie extrañe que en este mundo regrabable, también recurramos al iPod para encontrar la soledad. Con los libros las cosas son un poco más complicadas. Como los bibliómanos somos seres más primitivos (o más sofisticados, según se vea) aún no superamos el sistema de trueques. Intercambiamos materiales originales con la preocupación puesta en la humedad de un cuarto ajeno. Nadie sabe cuánto tardará el amigo en leer el libro que le recomienda o si ese ejemplar volverá a su estante inicial (es mucho más fácil grabarle un CD y darlo por perdido). Tanto como emprender su escritura, compartir un libro necesita altas dosis de fe. Nada de compilar autores y regalarlos a los amigos, nada de leer mientras se conduce, nada de llenar estadios para sumergirse en una lectura. Los libros son una apuesta impráctica para el mundo de hoy y sin embargo todavía existimos quienes nos empeñamos en soñarlos, en leerlos, en hacerlos (en ese orden). La música vive al parecer su plenitud: incuestionable, omnipresente, asegurada su perdurabilidad (nadie ha profetizado “el fin de la música” aunque sí el “fin del libro”) se ha impuesto como una forma dictatorial del arte en nuestras vidas. Yo a veces por despecho, sólo por llevarle la contraria al mundo, leo en silencio o trabajo sin audífonos.
Quizás he sido injusto, he hablado de “libros” y no de “literatura”, que es como decir “discos” en lugar de “música”, pero incluso con esas precisiones, me parece que los libros siguen siendo el medio más eficaz de consumir la palabra escrita. Es cierto que en nuestro país sólo los bestsellers llegan a todos los aparadores y la Internet se ha vuelto indispensable para abatir las mezquindades del mercado editorial, pero principalmente por ese panorama, los libros son uno de esos placeres insanos que nadie sabe porqué sigue manteniendo. Ocupan tanto espacio en nuestros cuartos, son tan frágiles a la lluvia o al fuego, que sólo por eso –por recordarnos que hay goces estorbosos- no podemos librarnos de su presencia. La música en cambio, parece superar con rapidez todos los inconvenientes: ha pasado de las orquestas en vivo al vinilo, del cassete al CD, del archivo en la computadora al iPod. Sólo detrás la pornografía, a ninguna otra cosa ha beneficiado tanto el Internet como a la música. Y es quizás esa disponibilidad absoluta de las canciones la que ha provocado también una añoranza por los álbumes completos, por retornar a las dificultades de hallar un disco. Aún cuando todas las melodías del mundo pueden bajarse de la red, aún revisamos el área de CD’s del supermercado, los puestos de música pirata, en busca de carátulas de Pink Floyd, Queen o Los Ramones.Como instantáneas perdurables, las canciones no sólo transmiten el placer sino que con frecuencia hacen comunicable el dolor. En las letras tristes, sí, pero también en aquello que hace de la música una guía perdurable de emociones: su cercanía con la vida. Más allá de sus palabras, la música duele también en sus discos perdidos, en los conciertos cancelados, en un cover mal hecho (una canción también te traiciona cuando se va a otra boca). No gratuitamente la música es la parte más tenaz de la memoria. Recordar supone siempre el peligro de un sufrimiento escondido, de una escena amarga a la que llegamos por asociación. Con la música, la magdalena de Proust se vuelve democrática. He ahí su encanto: la música nos tiene a su merced porque es íntima y multitudinaria, porque es débil a las tentaciones del mercado y tiende a redimirse en discos raros. Crea generaciones al tiempo que ordena nuestra propia vida. Su mejor imagen es la de la compilación hecha en casa, porque en su secuencia de canciones (en su orden, en su selección) entraña una autobiografía y una Historia Universal. Reconozco que pertenecí a la generación que siempre tuvo un cassette disponible en su estéreo. Pendiente de la programación de la FM, oprimir el botón de “grabar” a tiempo necesitaba una destreza de la que pocos podían presumir. Yo no, por fortuna. Nunca pude identificar una canción desde el principio y mis grabaciones caseras dan cuenta de melodías cortadas o interrumpidas por la voz que anunciaba el nombre de la estación. Son antologías defectuosas, en lo que tienen de azar y de torpeza, pero sin duda alguna me resultan entrañables. Sobre todo en sus errores, mis cassettes me recuerdan cómo era la vida en el siglo pasado. Ahora todo es tan aséptico y los discos grabados suenan tan bien que uno se vuelve nostálgico, que es una forma de decir que uno se vuelve más viejo. Si tuviera 50 años sin duda extrañaría el ruido de la aguja sobre el vinilo, pero a los 28 no puedo sino añorar las dificultades que tuve para obtener música, que son las mismas que sigo teniendo ahora para obtener literatura. Quizás por eso es que, frente a la computadora, mientras bajo a Brian Setzer del Emule, escribo este artículo en que música y libros se mezclan sin muchos argumentos de por medio. Pero qué importa: vivimos tiempos de DJ’s donde Blondie cohabita con Camilo Sesto, donde es posible hacer una canción sobre “el temblor” con música de Soda Stereo y Chico Che. A contrarreloj y como en nuestras mejores compilaciones, hago este texto más con el estómago que con la cabeza.

martes, 4 de marzo de 2008

Jaime López, Arando al Aire

por: Alonso Arreola

Lo primero que se debe agradecer a este Malafacha, es que no viva ni se crea su propio personaje, disfraz que los mortales suelen poner a quienes ganan eternidad con su obra. Si así lo hiciera, si como tantos hoy en día se dedicara a sacarle brillo a su apellido en fatuas tertulias para la Relación Pública, se opacaría y reduciría su cancionero en la misma proporción que nuestra felicidad y que la posibilidad de conocer mundos, si no mejores, más intensos. Porque eso sí, Jaime López es un tipo intenso. Prolífico e intenso. Mucho muy intenso. Basta verlo sobre el tablado para entender que los motivos de su fuego no son maderas hacedoras de humo viejo sino troncos de combustible especie que no se cansan de formar nuevas, iridiscentes lenguas de voz quemadura.
Todo comenzó en Matamoros, Tamaulipas, hace cuarenta años. Allá en la tierra de Rigo Tovar, apenas cumplidos los trece de edad, Jaime atendió a una simple pregunta de su madre: "¿Quieres algo, voy a salir?" A lo que respondió holgazaneando desde una hamaca: "Sí, una guitarra por favor." El deseo fue cumplido sorpresivamente y, doce meses después, utilizado por vez primera a conciencia. Luego vendrían los cambios geográficos hasta la llegada a Ciudad de México en el año '69. A partir de entonces la vida del vate citadino fue la de conocer grupúsculos estéticos o ideológicos para luego abandonarlos y continuar, agorera e involuntariamente como él mismo acepta, en solitario.
Palabrista fronterizo más que crooner urbano, Jaime incomoda a quienes intentan clasificar su obra en plan estatutario. Bien lo dijo José Joaquín Blanco, en texto a propósito del cantautor: "El simplismo intelectual y las manías publicitarias o mercadotécnicas de la cultura mexicana soportan mal a los creadores prolíficos y polifacéticos. Toleran sólo a quienes saben hacer ligeramente una sola cosa. Se ve mal que un compositor además ejecute su música él mismo; que cante, que actúe peor aún si sus canciones tienen rango cultural o intelectual, y virtudes literarias."
A esto habría que agregar una precisión, en parte nacida en labios del susodicho López. Si los abismos atraen y la falta de comprensión de una obra es una especie de sumidero, habría que dejarse tragar por la ignorancia para entonces comenzar la escalada a un nivel mayor de… ¿lectura?, ¿comprensión?, ¿gozo? Desafortunadamente, la mayoría de los críticos que palabrean en los medios especializados mexicanos no han aprendido a confiar en la propia duda, sino que más bien la interpretan como una falta ajena. "Si no entiendo es que algo anda mal con esta música", parecen decir. "Oscura, abstracta, de culto o para iniciados", suelen etiquetar. De ahí el vacuo respeto que por algunos artistas se profesa, sean o no excepcionales, al amparo de un lavamanos que sólo hará juicios sin riesgo, ante lo ligero, lo simple.
Es así que muchos hablan de Jaime López como si sólo fuera un par de palabras-llave para el lucimiento propio. Lo usan como banca para mirar por encima de la barda conocida. Se lo avientan en las reuniones cual papa caliente y ponen cara de respeto obligado, como quien hace honores a la bandera de un país desconocido. Quienes poco lo han escuchado, todavía se sorprenden ante los múltiples resultados de una mente que va del bolero al punk pasando por la balada villaurrutiana o la ranchera piperra (por Piporro); y claro, mientras el cantautor resuena su guitarra o su armónica o su piano o su voz o su bajo a lo largo y ancho de la República, presentándose generalmente en pequeños bares que no reflejan el nivel de controversia que su figura alienta; mientras su imaginación sigue al margen de una fama siempre probable produciendo letras y melodías excepcionales, la bulla sigue y crece al son de "¿pero quién es Jaime López?", "el autor de la ‘Chilanga Banda’ de Café Tacuba", pero "¿cómo es eso posible?", "Sí, y también de ‘Sácalo’ de Cecilia Toussaint, y de ‘Corazón de cacto’ y de ‘Arando al aire’ y de frases legendarias como ‘no hay peor lucha que Lucha Villa’ o ‘haz patria, ama a un Chilango’ y así, de muchas cosas más que tanto nos conciernen".
Queden entonces como ejemplo de su humilde rebeldía y como invitación para asistir a la presentación de su nuevo disco Arando al aire (el próximo sábado 20 de enero en La Planta de Luz de Plaza Loreto), las líneas que este hombre común y extraordinario ha decidido utilizar cual biografía de batalla: "Jaime López nació en 1954, que es la tierra dispersa de la cual proviene. Ha criado algunos discos, uno que otro libro, pero sobre todo, animal de escenario al fin y al cabo, innumerables espectáculos en vivo y en directo a partir de sus canciones. Como autor, compositor, guitarrista y cantante, pueden llamarlo López, a secas... lo demás es ganancia, incluso los afectivos adjetivos."
Fuente: La Jornada.

jueves, 28 de febrero de 2008

Alonso Arreola: ¡¡¡Manifiestate!!!

por: Alejandro Aldana Sellschopp.

Hace unos días ingresé a la página de la Jornada, pique en suplementos y como casi siempre volé directamente a la columna Bemol Sostenido, columna que leo y releo, el autor (de quien durante algun tiempo no supe más que sus exelentes opiniones), muestra un correo electrónico para escribirle, siempre vi esa dirección electrónica y jamás me pasó por la mente escribir; sin embargo ese día algo me motivo, y sí fue el artículo escrito por Arreola sobre el disco magnífico de Robert Wyatt Comicopera, sentí esa alegría que puede generar un buen escrito, así que me comuniqué con el fantasma. El señor Arreola me contesto muy amablemente, cosa que me entusiasmó mucho, además confirmé que este cuate es un extraordinario bajista, y tocó...con Adrian Belew!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! El señor Arreola aceptó colaborar (de alguna manera) con este humilde blog, cosa que agradezco infinitamente. Quizá muchos no sepan quien es Alonso Arreola (y no los culpo), los mejores musicos y artístas en México permanecen en el anonimato. Por ello agrero un poquito de su biografía:
Alonso Arreola (México DF 1974) Músico y periodista, ex bajista de La Barranca, ha colaborado en muchas grabaciones de rock y jazz, acaba de editar su primer disco en solitario Música Horizontal, entre las muchas publicaciones en donde colabora están: Rolling Stones, Reforma, La Jornada.

martes, 26 de febrero de 2008

Dylan boxeador

fuente: La Jornada


El músico Bob Dylan, leyenda viviente del rock y que esta noche se presentará en el Auditorio Nacional, tuvo su práctica de boxeo en uno gimnasio tradicional de la ciudad de México, donde convivió con púgiles, aprendices y poco público que lo reconoció al salir.
Como a eso de las 13:30 horas llegó al gimnasio Nuevo Jordán –ubicado en la calle Buen Tono 36, en el Centro Histórico– un hombre de lentes, de carácter sencillo, pero que no hablaba español. Pagó “su día” de entrenamiento (como suele suceder cuando alguien ocupa las instalaciones), que son 60 pesos, recorrió el lugar, observó a quienes entrenaban y a sus mánagers, y se dispuso a ejercitarse, comentó la encargada en turno del lugar, María de la Luz.
Pagó 60 pesos
“Le cobramos porque no sabíamos quién era. Pero él, normal, entrenó. Le pegó a la pera, al costal, hizo sus ejercicios. Se ve que sabe hacerlos, porque eso nos comentó quien lo guió en las prácticas, el mánager Badillo”, agregó la encargada.
El artista, según los encargados, estuvo observando a los jóvenes pugilistas y sus diversas técnicas. “Quedó sorprendido, pero se ve que hace mucho ejercicio.”
Dylan se presentará hoy y mañana en el recinto de Reforma, el 29 en Monterrey, el 2 de marzo en Guadalajara y en el festival cultural de Zacatecas.

jueves, 21 de febrero de 2008

El Sueño de Bob Dylan

por: Bob Dylan

While riding on a train goin' west,I fell asleep for to take my rest.I dreamed a dream that made me sad,Concerning myself and the first few friends I had.

Mientras viajaba en un tren rumbo al oestecaí dormido para tomarme un descanso;me puso triste un sueño que tuveconcerniente a mí mismo y a los primeros pocos amigos que tuve.



With half-damp eyes I stared to the roomWhere my friends and I spent many an afternoon,Where we together weathered many a storm,Laughin' and singin' till the early hoursof the morn.

Con los ojos medio abatidos, clavé la vista en la habitacióndonde mis amigos y yo pasamos muchas tardesdonde todos juntos superamosmás de una tormentariendo y cantando hasta las tempranashoras del alba.



By the old wooden stove where our hats was hung,Our words were told, our songs were sung,Where we longed for nothin'and were quite satisfiedTalkin' and a-jokin' about the world outside.

Junto a la vieja estufa de maderadonde colgaban nuestros sombreros,nuestras palabras fueron dichas,nuestras canciones cantadas,donde estábamos convencidosde no esperar nada,hablando y hablando sobre el mundoque nos rodeaba.



With haunted hearts through theheat and cold,We never thought we could everget old.We thought we could sitforever in funBut our chances reallywas a million to one.

Con los corazones acosados debidoal calor y el frío,nunca pensamos que alguna vez pudiéramos envejecer;pensamos que podíamos estarsiempre bromeando,pero en realidad nuestras posibilidadeseran ninguna entre un millón.



As easy it was to tell black from white,It was all that easy to tellwrong from right.And our choices were fewand the thought never hitThat the one road we traveled would ever shatter and split.

Que fácil era distinguir el negro del blanco,entonces en todo era fácil distinguirel mal del bien;y nuestras alternativas eran pocasasí que nunca nos asaltaba la ideade que el camino que viajáramos, estallaría en pedazos.



How many a year has passed and gone,And many a gamblehas been lost and won,And many a road taken by many a friend,And each one I've never seen again.

Cuantos años se han pasado e ido,muchas las jugadasque se han perdido y ganado;y muchos los caminos tomados por muchos de mis amigos,y a ninguno de ellos he vuelto a ver.



I wish, I wish, I wish in vain,That we could sitsimply in that room again.Ten thousand dollars at the drop of a hat,I'd give it all gladly if our livescould be like that.

Deseo, deseo, deseo en vano,que pudiéramos simplementeestar de nuevo en aquella habitación;enseguida y gustoso, cien mil dólaresdaría si nuestras vidas pudieran ser como entonces.