jueves, 26 de julio de 2007

Lo de hoy es lo que vendrá



Por: Alejandro Aldana Sellschopp

Nada más actual que los clásicos. El medio editorial es un gran negocio, crea, encumbra y desparece a cuanto autor necesita, hemos pasado de los autores canónicos, esos que originalmente significaban la elección por parte de nuestras instituciones de enseñanza, a los autores “canónicos” de las casas editoras.
La canonización para un escritor de nuestros días implica publicar en editoriales de prestigio, o bien ganar premios de renombre para asegurarse un lugar en el parnasito de las letras contemporáneas. El verso de Mallarmé -“la carne es triste, ay, y ya he leído todos los libros”, no deja de sonarnos ridícula, distante, increíble.
El mercado del libro ha experimentado con nuevas formas de mercadeo, hoy más que nunca se ve al libro como un producto, un objeto de consumo, para una mayoría la adquisición de una novela se inscribe en la lista de cosas superfluas para alimentar la vanidad, junto con los cosméticos y el tinte de cabello.
Nadie se sorprende de ir al súper por lechugas y encontrarse extraviado en la sección de libros, dispuesto a comprar el nuevo Harry Potter. “En la compra de un kilogramo de papas, llévese completamente gratis los Diálogos de Platón (edición NO aburrida)”, anunciarán muy pronto los carteles comerciales.
“Estar al día”, “actualizarse”, es la consigna del comprador compulsivo, “¿Ya leíste la nueva novela de Martín Amis?” “Qué opinión tienes de los nuevos novelistas ingleses?”, son las “lucidas” estocadas de lectores ingenuos, perdidos entre el escaparate y la televisión. “Debemos estar actualizados”, rezan los académicos rizomáticos en las perdidas aulas devoradas por el cronos de la actualidad. “Actualizarse o morir”, presumen las cazadoras de cuero del nuevo crítico literario.
Allá en la noche de los tiempos están Homero, Platón, Neruda, William Blake, Gohete, Shakespeare (perdónenme el rizoma), y muchos más papando moscas, asustándose con sus propias sombras. Leer a Rulfo es un verdadero trabajo de arqueología, ¿para qué perder el tiempo si tenemos a la vigente Isabel Allende?
Incluso autores tan insulsos como José Agustín, que fueron identificados con los chavos, la onda y los vientos de cambio, gozan del consabido respeto que merecen las momias o las reliquias, concedidas claro por su probada “antigüedad”.
Sólo en lugares tan apartados de la mano del señor como Chiapas, seguimos leyendo a las “glorias locales” a falta de nuevos escritores medianamente legibles, aún en nuestros días hay quién descubre a Garduño y lo presume como la joven promesa de la poesía chiapaneca, o si revisamos las últimas antologías de literatura en Chiapas, encontraremos el adjetivo joven para referirse a escritores como Héctor Cortés, Roberto Rico o Mario Nandayapa.
En su afán de vender, las editoriales han recurrido a la estrategia de ¡¡¡Actualizar a los clásicos!!! (SIC) (¿????). La forma más burda es presentar libros “atractivos”, casi enfundados en propaganda de coca-cola, con fotos a colores y sendas leyendas:”Esta novela la leyó el papa y le gustó”, “Más de 3000,000,000,000,000 de lectores NO pueden estar equivocados”. La implicación es una simple y vulgar regla de mercado: el libro más vendido es el mejor.
Otra artimaña es publicar la novela en la que se basan las películas, a Eca de Queiroz, excelente novelista, se leyó por El Crimen del Padre Amaro, en este caso por lo menos fue un buen libro y una pésima película. En fin: lo de hoy es lo que vendrá.
En Inglaterra se vive un “esplendor” de la narrativa, por lo menos en cuanto a ventas se refiere, sin dudas algunos de los actuales novelistas son excelentes, sin embargo la sobre explotación del mercado los convierte en meros productos utilitarios.
Cada año la revista Granta realiza una selección de las promesas literarias del Reino Unido, en 1983 dicha publicación editó su antología “Best of Young British Novelists”, como parte de una estrategia claramente comercial; sin embargo es honesto apuntar que tal maniobra cumple con varios objetivos, el principal para los señores del money es preparar un mercado con toda la parafernalia necesaria, transforman al escritor en estrella de cine o pop-star. La selección fue de 20 jóvenes, menores de cuarenta años, en México un escritor deja de ser joven a los 35 años, ¿quién lo determina?, ¿por qué?, el caso es que a partir de dicha edad se cierran inmediatamente las puertas de premios, becas (FONCA-Jóvenes Creadores, F,L,M,) incluso la posibilidad de publicar en algunas editoriales, ejemplo Tierra Adentro.
La antología de Granta se convirtió en profética, ya que entre los seleccionados estaban: Salman Rushdie, Martín Amis, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro, Ian McEwan, Grahan Swift, ni más ni menos. Este fenómeno comercial nos explica un poco el rotundo éxito de estos autores, sin negar que todos son excelentes narradores.
Todos ellos son celebridades mediáticas, a Julian Barnes lo leen hasta las damas popof de cualquier ciudad “civilizada”, (que conste que Barnes es uno de mis preferidos), la vida “íntima” de este dream team es objeto de chismes de la farándula inglesa, francesa, alemana, etc. El jugoso contrato firmado por Martín Amis con una importante editorial, se difundió con bombo y platillo cual firma de una estrella del fútbol.
Una vez reunidas a sus figuras, la casa editorial echó andar su maquinaria publicitaria, sí esa que nos vende hasta al execrable Luis Pazos o Laura Esquivel como escritores edificantes, la estrategia contemplaba: pláticas, entrevistas en radio, t.v., revistas especializadas, revistas de modas y chismes de farándula, conferencias en universidades, lecturas en solitario y colectivas, firmas de libros, sesiones fotográficas en ropa casual, deportiva, escribiendo en el estudio de casa, con la adorable familia, jugando con los hijos y los perros, en fin los Marry Poppins de las letras inglesas.

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