domingo, 14 de octubre de 2007

Crónicas desde Barcelona DOS




Por: Alejandro Aldana Sellschopp.

El auditorio de CaixaForum seguía medio vacío, imposible verlo medio lleno, mi optimismo no me permitía engañarme, sobre todo aquí, en uno de las ciudades más importantes en cuanto a vida cultural se refiere.
Si bien es cierto, Barcelona es una ciudad que está más allá de la extraordinaria arquitectura de Gaudí, por momentos uno parece encontrarse en Gaudílona, más del cincuenta por ciento de los atractivos turísticos se lo deben al famoso arquitecto, la otra pasión es el Barsa, el equipo de fútbol, escaparates, espectaculares (que hay pocos), anuncios, periódicos, revistas, toda la ciudad habla de fútbol, sobre todo en plena champions.
La radio deja sonar el nuevo sencillo de Hombres G, la omnipresente Shakira, y el pasito duranguense de Los Horóscopos de Durango. En CaixaForum el auditorio seguía semi vacío, a pesar de tener como invitado a Alejandro Rossi. En la pantalla el maestro Rossi en una imagen borrosa, en blanco y negro, parecía que finalmente utilizábamos la máquina del tiempo, y nos remontábamos a una época muy remota, gracias a un aparato de Odisea del Espacio podíamos entrevistarnos con un ser de la Nada. El interlocutor estaba sentado en una larga mesa con el riguroso paño verde, Xavier Rubert catalán, gran amigo de Rossi.
Considero que uno de los escritores, entre tantos, que las letras mexicanas no ha hecho justicia es Alejandro Rossi, filósofo del lenguaje y narrador con una prosa limpia, clara, casi transparente, inteligente sin recargar su discurso, una de las miradas más interesantes de la literatura mexicana.
En pantalla un Rossi viejo, enfermo, con sondas en las fosas nasales, que seguramente le suministraban oxigeno, saludó al publico sonriendo, con cierto temor, “¿están ahí?” preguntó indeciso, el poco público contestó con un grito como de alumnos de primaria. A partir de ahí, la plática fue de mejor a mucho mejor, aún cuando se sumó a entrevistarlo una persona de apellido Rojo, que definitivamente no conocía la obra de Alejandro, el viejo lobo de mar lo trataba como alumno, en varias ocasiones lo “regaño” con cariño por las barrabasadas que decía.
Rossi contó que su segunda lengua era el español, ya que nació en Florencia en 1932, aprendió el italiano de su padre, la escuela y la calle, su madre, una caraqueña hablaba un castellano doméstico, (y hay de aquel que diga que en España se habla español, los catalanes que han luchado heroicamente por su autonomía, que por supuesto incluye la defensa de la lengua, ellos rotundamente te dicen que el idioma es castellano). La inminencia de la guerra provocó que la familia de Alejandro se trasladara a Buenos Aires, ahí se hace lector voraz, comenzó leyendo la revista infantil Billiken, y así pasó de la niñez a la adolescencia marcado por los libros, y claro los colores del River Plate.
Llegó a México en 1951 para estudiar filosofía y se instaló para siempre, cuándo se le preguntó de dónde era, él respondió entre risas “Soy mexicano”. También se le cuestionó sobre la reciente reedición de su libro más conocido Manual del Distraído, su rostro se iluminó, la plática se volvió más intima, para esa hora ya habíamos eliminado la horrible pantalla llena de rayas en blanco y negro, sentíamos a Rossi ahí, sentado frente a nosotros, dijo que esa reedición era una sorpresa y una gran noticia, recordó que Octavio Paz lo invitó a escribir una columna en la revista Plural, así entre 1973 y 1977 fue escribiendo los textos que conformarían el Manual del Distraído, aquellas prosas no tenían un género definido, mezclaba con naturalidad memorias, ensayo, ficción. Adelantado a su tiempo sin dudas, podemos hoy constatarlo, cuando se discute con mayor ahínco la inutilidad de los géneros literarios.
La charla terminó en una franca disposición de amistad, emotiva, con un nutrido aplauso de los asistentes y del propio Rossi que batía palmas mientras se levantaba de la silla jalando las sondas y arrastrando un tanque de oxigeno.

-La prensa española decía:

Súper vivienda reaparece para quemar el Pacte d´Habitatge por “especulador”. El héroe de la plataforma ciudadana V de vivienda, Súper vivienda, reapareció ayer en la Placa de Sant Jaume para quemar simbólicamente un ejemplar del Pacte Nacional.

Nota: En la foto aparece un hombre joven, regordete, vestido con mallas amarillas, payasito negro y rigurosa capa, un antifaz de terciopelo negro, con guantes largos hasta los codos. En fin si en México tenemos a Súper Barrio, los catalanes cuentan con V Súper Vivienda.

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